Querido Sonido,
Te escribo por decirte algo (que en realidad es muchas cosas). Quiero decirte que te quiero, que te necesito, que eres las mantas de mi vida. Cuando digo eso, quiero decir que tenerte es sentirme cómoda, cálida y segura.
Cuando me despierto todas las mañanas, es por ti. Los sonidos de tiempo son un recuerdo cada cinco minutos, hasta realmente tengo que salir mi cama. Pero todavía me sigues.
Me voy del cuarto y camino al baño, donde los sonidos de agua en las paredes de la ducha y los cepillos en los dientes me ayudan estar despierta. Estás conmigo durante me rutina: desde el sonido de abrir la botella de mi champú verde hasta el sonido de cerrar la puerta mientras salgo para el desayuno.
Me acompañas en la comida, con un “crunch” aquí y una risa cansada de un amigo allí. Me sigues a la aula, donde las voces suben y bajan con el humor de la clase. Me acompañas en la cafetería después de clase, donde “sonido” no es algo compuesto de muchas sonidos sino un sonido del fondo de mis sonidos. Estás al dentro de yo (y me escapas) cuando hablo, silbo, canto y respiro.
Eres suave en las voces de mi cariño, NPR. Eres consolador en las llamadas y mensajes de text de mi mamá. Eres una desafiante, una escapa y algo que me hace vivir en la música que escucho cada día.
Sonido, no te merezco y no te aprecio. No te digo “gracias,” y no te digo “te quiero.” Pero quiero que sepas que, sin ti, la cama de mi vida sería fría, y mis orejas no tendrían propósitos. Yo, por supuesto, no podría sobrevivir.
Te quiero, y gracias.
Besos y abrazos invisibles,
Maribel